Blog

Introducción a los koans zen

'Zen Koans' de Gyomay M. Kubose (1905–2000)

Gyomay M. Kubose (1905–2000)

Traducido por Ben Carral

Los koans son historias, o preguntas, que los maestros dan a sus estudiantes y monjes para disciplinarles y comprobar su comprensión del zen. Los zenistas también utilizan los koans para retarse y comprobar la habilidad del otro, y también la suya propia. En los viejos tiempos, los monjes tenían la costumbre de visitar diferentes monasterios y templos budistas zen con el propósito de retar al maestro residente. Era una práctica sincera y rigurosa.

La palabra ‘koan’ significa «registro público». ‘Ko’ significa «público»; ‘an’ significa «registro». Al igual que los informes, o expedientes del caso, se utilizan en los juzgados para ejercer e interpretar la ley, el koan se utiliza para expresar la universalidad, o carácter absoluto, del zen. El koan no es privado ni místico en sentido alguno. Es a través del koan que se comunica la esencia del zen, la esencia de la vida. Es algo parecido al amor, que se expresa de manera privada, pero, al mismo tiempo, tiene universalidad; cualquiera pueda experimentarlo. Aunque universal, el amor se comunica directamente de una persona a otra, al igual que el zen se transmite de mente a mente.

Para comunicar amor, a menudo las palabras resultan insuficientes. Puesto que el amor es vida, es inmediato y directo, y el método de comunicación es muy dinámico. El amor se puede comunicar incluso golpeando, riñendo y mediante otras expresiones contrarias. A veces para expresar una preocupación y amor profundos decimos: «No te quiero». El amor da y el amor quita. El amor no tiene una sola forma estática.

Así, en el zen, la verdad de la realidad, la esencia de la vida se comunica dinámicamente. Hay koans, «khats» (gritos profundos repentinos) y golpes, todo con la intención de despertar al estudiante. A menudo, los métodos negativos son más eficaces que las maneras afirmativas habituales de enseñar. No hay lugar para el sentimentalismo porque el zen trata con la esencia de la vida y la verdad del universo.

El koan nunca se resuelve mediante la razón o el intelecto. Los koans solo se resuelven mediante la experiencia viva o la comprensión intuitiva. Hoy, muchas personas intelectualizan y conceptualizan la vida, y así se vuelven víctimas de los conceptos y el intelecto. Los conceptos crean problemas en la vida porque las conceptualizaciones se confunden con las cosas ‘reales’. La vida es viviente, clara y simple. (¿Por qué no podemos volvernos más simples y directos?) Los koans señalan la simplicidad y claridad de la vida y la verdad; por tanto, el razonamiento y el juicio intelectual son del todo inútiles para resolver los koans.

Por supuesto, para comprender y apreciar los koans plenamente, haría falta tener cierto conocimiento de las culturas china y japonesa y del budismo; cuanto más conocimiento se tenga, más fácil resultará la tarea. Considero este volumen introductorio. Si se desea estudiar más, hay excelentes traducciones inglesas del ‘Hekiganroku’ [pinyin: Bìyán lù] [Crónica del acantilado azul], con el comentario de Setcho [pinyin: Xuědòu; (980-1052)] y Engo [pinyin: Yuánwù; (1063-1135)], y el ‘Mumonkan’ [pinyin: Wúménguān] [La barrera sin entrada], con el comentario de Mumon [pinyin: Wúmén; (1183–1260)].

Si uno quiere disfrutar, apreciar y vivir la vida plenamente, ‘debe’ ser consciente de la verdad de la vida. La gente antigua de China y Japón tenía esa consciencia, como se refleja en su aproximación a la naturaleza y a la vida humana. Después de todo, el ser humano solo es una pequeña parte de la naturaleza. Aquellos antiguos zenistas siempre armonizaron y se volvieron uno con la naturaleza. Nunca pensaron en términos de ‘conquistar’ la naturaleza. Ver pinturas chinas y leer poemas chinos es descubrir que el ser humano siempre desaparece en la naturaleza. Ciertamente, la naturaleza es habitualmente más compatible con el bienestar humano que la sociedad humana; especialmente cuando está dominada por políticos y especuladores.

Para ilustrar este punto, hay una historia de un monje zen chino que vivía en un árbol. El gobernador del distrito, que se llamaba Hakurakuten, escuchó hablar de este famoso monje zen y le hizo una visita. Al ver al monje sentado en lo alto del árbol, el gobernador dijo: «Vivir en el árbol es bastante peligroso; podrías caerte en cualquier momento. ¿Por qué no vives en el suelo?». El monje respondió: «¿Es seguro allí en la tierra?». Hoy podemos ver los peligros de la vida terrenal con más claridad que nunca.

Muchos koans son difíciles de comprender porque tratan sobre lo absoluto, la esencia de la vida, de manera simple y con todo simbólica. El koan trata con una dimensión más profunda que el mundo de los cinco sentidos. Todo nuestro conocimiento se basa en la sensación, la percepción, conceptos, ideas, el pensamiento consciente y la mente subconsciente psicológica. Estamos firmemente apegados a estas áreas de conocimiento y tendemos a sentir que no hay nada fuera de ellas. Pero el zen trata con la sabiduría que trasciende el conocimiento ordinario. Y cuando uno llega a comprender el reino zen del no-apego, el mundo de los hechos se ve bajo una luz completamente diferente. Todos los problemas de la vida, sin excepción, son el resultado del apego. En vez de aferrarse —o apegarse— a las cosas y a las condiciones, deberíamos comprender la verdadera naturaleza cambiante del mundo y vivir en él con libertad.

Podemos convertirnos en maestros de la vida y de nuestro propio mundo en vez de en esclavos de ambos. Esta es la intención del zen, y el koan, al intentar demostrar la realidad de la vida, es la herramienta zen más útil. Después de todo, el propósito de estudiar un koan no es simplemente comprenderlo y terminar con él, sino vivir el koan, resolverlo cada día.

Fuente: Gyomay M. Kubose, «Introduction» [Introducción], en ‘Zen Koans’, Henry Regnery Company, 1973, pp. xi-xiii, trad. Ben Carral.